¿Qué estamos comiendo? Polvo de ladrillo en el pimentón, delfín por atún y granos de arvejas tostados entre el café: el fraude alimentario está entre nosotros y no nos damos cuenta. Por Tomás Linch Si eres cabrito, mantente frito. Si eres gato, salta del plato. Así rezaba una leyenda que los viajeros solían repetir ante cada comida que les era servida en alguna rotosa taberna medieval de la península ibérica. No es casual, tampoco, que Francisco de Quevedo y Miguel de Cervantes Saavedra hayan incluido entre sus obras la frase "dar gato por libre". Aunque la usemos para casi cualquier cosa, esta metáfora hace referencia a una práctica tan vieja como el arte de la restauración: el fraude alimentario. Todos hemos sido víctimas de este engaño y todavía lo somos. Las razones están a la vista: adulterar o modificar un alimento para conseguir un mayor beneficio económico o para simular algún sabor, color o textura en los ingredientes puede ser un excelente negocio. ...